jueves, 22 de enero de 2015

Masoquismo inteligente

¿Masoquismo inteligente? El masoquismo se podría definir como obtener placer al maltratarte ¿Puede ser eso inteligente? ¿Puede este título tener algún sentido?... yo creo que sí... a ver si consigo convencerte.

Nuestro cerebro es una máquina increíble. No hay duda de que todo su trabajo es fascinante, pero vamos a fijarnos en una de sus propiedades, que es la de ahorrar energía.

Toda operación a ejecutar por nuestro cerebro tiene un objetivo, pero la maquinaria del propio cerebro esconde otro: hacer todo lo posible por realizar el trabajo, pero establecer todos los mecanismos posibles para poder hacerlo con la mínima energía.

En su afán economizador las tareas parecidas o repetidas son rápidamente automatizadas, y ejecutadas subconscientemente para no cargar de este trabajo al consciente.

De esta forma conseguimos conducir, sacar un café de una máquina o coger las llaves antes de salir de casa robóticamente, sin pensar en ello.

Es sin duda una maravilla evolutiva más de esa gran máquina que es nuestro cerebro, pero tiene un lado negativo. Un cerebro que gaste menos energía es un individuo que lo tiene más fácil para sobrevivir, pero esta estrategia esconde un fantasma que nos impide ser todo lo felices que deberíamos ser ¿cómo pasa esto?

En nuestra vida diaria, en nuestro día a día, disfrutamos de muchos mini-placeres cotidianos. Abrir un grifo y que salga agua, sentarnos sobre una silla cómoda, poder abrigarnos cuando tenemos frío, tener un váter a mano, dormir en una cama y muchas cosas más, que son realmente importantes y vitales para nosotros, pero que al ser terriblemente frecuentes y cotidianas pasan totalmente desapercibidas para nosotros.

Es un mal que tiene difícil cura, luchar contra esta tendencia es realmente duro e insostenible a largo plazo.

Bien, pues como casi todos los Enero desde hace 17 años he asistido a Pingüinos (motauros), una concentración motera que se celebra en Tordesillas, Valladolid, junto al río Duero. Es un fin de semana para estar de fiesta con los amigos, pero es un fin de semana en el que paso frío, duermo incómodo sobre el suelo, me crujo las costillas cargando leña y trabajo alimentando un fuego que no parece tener fin. Vivo momentos mágicos (y no me refiero a nada místico) frente a ese fuego, y me ayuda mucho a pensar. Este año me pregunté el porqué de todo aquello una vez más, y llegué a una nueva respuesta: El masoquismo inteligente. Privarme durante 24 horas de todas las comodidades cotidianas, echar de menos una simple silla durante horas, darme cuenta muy vivamente de lo bien que se duerme en una cama, echar muy fuertemente de menos a mi familia, y el reencuentro con mi váter no son la cura definitiva, pero si efectiva para volver a poner a 0 el contador de la rutina y poder ser justos con la felicidad que nos deben proporcionar todos estos grandes pequeños placeres.



2 comentarios: