viernes, 17 de febrero de 2017

Cuentos. El principito y los límites del universo.

Allí estaba el principito, en su planeta B612 viendo un atardecer más. Como de costumbre Salviati apareció a su lado.

- Señor Salviati -saludó el principito-
- Buenas caballero, ¿qué pensamientos pueblan la cabeza de mi buen amigo? ¿Quizá piensas en tu rosa? ¿Quizá en tu cordero? -contestó Salviati-
- No, esta vez no. -Y calló por un instante- Al mirar esta última puesta de sol me estaba preguntando cómo es de grande el universo y cómo serán sus fronteras. Si consiguieran los pájaros llevarme hasta ellas y me asomara ¿Qué vería más allá?
- Hooo, ya veo. Que interesantes preguntas tienes hoy!!! Precisamente tengo aquí dos inventos mágicos, dignos del bolsillo de Doraemon, que podemos utilizar para que tú mismo las contestes.

Salviati sacó de su bolsillo un pequeño reloj y una extraña regla:



- Pero antes de usarlos vamos a empezar por comprender que 1 + 1 no siempre son 2.

El principio permaneció en silencio y observando atentamente, sabía que Salviati, cuando empezaba así, era digno de ser escuchado.

- Estamos acostumbrados a pensar en las distancias como algo que no puede cambiar. Un metro es un metro, y si hay diez metros hasta la pared, siempre serán diez metros. Pero tito Albert Einstein nos enseñó que no, que esto solo es así aparentemente. Las cosas con masa, como tú y yo, o tu pequeño planeta B612, comprimen el espacio, de tal forma que lo que mide un metro, al acercarse a tu planeta mide algo menos. Las estrellas tienen tanta masa, que cerca suya el espacio está aún más curvado y este efecto se nota más aún. Es complicado comprobarlo, porque la regla que usaras para medir también habría encogido , - )))

- Bien, pero, ¿y eso qué tiene que ver con el tamaño del universo? ¿Y para qué son ese reloj y esa regla?  -recordó el principito, que jamás olvidaba su pregunta una vez que la había formulado.

- A eso vamos mi joven amigo, a eso vamos. Este reloj me lo regaló una buena amiga Lilian Pardo, y al pulsar su botón, todas las leyes físicas del universo se detienen, incluido el tiempo.

- Hoooo, magnifico -dijo el principito- ¿Y la extraña regla?

- Esta me la regaló mi amiga Ana Kancer, y es una regla perfectamente recta que puedes estirar y estirar sin límite.

El principito sonrió ampliamente. Le encantaban estos objetos tan extraños.

- Pero, ¿y eso qué tiene que ver con el tamaño del universo? -Ya sabemos que una vez formula una pregunta, el principito nunca renuncia a ellas-

- Pues vamos con el experimento, entonces.

Salviati pulsó el botón del reloj, y todo pareció congelarse de pronto.

- Solo tú y yo podemos movernos ahora

Empezó a estirar la regla, que formaba una línea perfectamente recta que se alejaba de B612 sin esfuerzo, ya que el reloj impedía que las leyes de la física dificultaran tal labor.

Estiró y estiró por mucho tiempo, aunque el propio tiempo estaba detenido, por lo que no se les hizo pesado.

De pronto, ante la mirada atónita del principito, la punta de la regla apareció en el cielo directa hacia ellos.

- ¿Cómo puede ser esto posible? -Preguntó el principito- ¡la regla es perfectamente recta pero se ha doblado hasta volver a nosotros!!!

- No -contestó Salviati- La regla no se ha doblado, sigue siendo recta. Pero como puedes ver sale de mi mano, y su punta vuelve hacia ella.

- Pero ¿cómo?

- No es la regla la que se ha doblado, sino el propio espacio el que está curvado sobre sí mismo. Si ahora que tenemos el universo parado partieras hacia las fronteras del universo, en vez de alcanzarlas volverías a B612 aunque mantuvieras tu rumbo perfectamente recto.

- Increíble, apasionante, el universo se autocontiene, el espacio se curva sobre sí mismo por la gravedad generada por la masa -se repetía el principito a fin de recordarlo, y por un momento permaneció en silencio- Pero ahora ya no habrá más amaneceres.

- No te preocupes -dijo Salviati- ahora mismo recogemos la regla y volvemos a poner en marcha las leyes del universo. Me quedaré contigo a ver un amanecer más.

- Sí -dijo el principito contento- y este será aún más bello que el último.

Los dos amigos sonrieron.




lunes, 30 de enero de 2017

Cuentos. Las tres princesas.

Erase una vez un rey poderoso y rico. Su reino era extenso y próspero, pero su mayor tesoro eran sus tres hijas.

Ellas eran muy diferentes unas de otras. La mayor, Nube, era muy emocional y tímida. Su hermana Nio era brusca y distante. La pequeña, Áure, un torbellino de energía que no paraba nunca.

El rey enviudó, y la relación con sus hijas se volvió más complicada. Las tres se terminaron por distanciar de él, y así pasaron bastantes años.

El rey se encontraba en muy mala situación. Solo, sin su mujer ni sus hijas y con las presiones de gobernar su mente empezó a decaer. No cuidaba su salud y sus decisiones eran las de un demente. Necesitaba ayuda de forma urgente, o sería el fin para él y su reino.

Nube no paraba de pensar en él. Su preocupación era constante y profunda. No se permitía ni un instante de felicidad. A todas horas se devanaba los sesos pensando qué sería de su padre y qué le estaría pasando. Ni dormía por las noches de preocupación, pero no era capaz de hacer nada, jamas iba a verle ni se ponía en contacto con él de ninguna forma.

Áure visitaba constantemente a su padre. Todo el rato le decía lo que tenía que hacer y le machacaba una y otra vez recordándole lo mal que hacía las cosas. Después, cuando se había desahogado se marchaba.

Nada se sabía de la antipática Nio.

La situación se volvió límite, ya que los vientos de debilidad llegaron a oídos del pueblo vecino, que rápidamente mandaron un emisario para que visitara al rey y confirmara si era o no sencilla su derrocación.

Nube supo de la visita del emisario y de sus intenciones, pero el miedo la impidió hacer nada. Áure andaba castillo arriba y castillo abajo gritando a su padre cómo debía actuar, y una vez más, antes de que el emisario llegara desapareció.

Todo estaba perdido. El emisario entró en el salón del trono, presidido por un rey acabado. La media sonrisa del emisario lo decía todo. Pero en ese momento alguien más entró en salón: Era Nio, vestida para la guerra, y empuñando una gran espada. Sin mediar palabra se dirigió hacia el emisario manteniendo sus ojos fijos en él. Tras ponerle una mano en el hombro y cargar la otra, la de la espada, ligeramente hacia atrás, le habló lentamente y en voz baja: "Lárgate de aquí ahora mismo, y dile a tu señor que se mantenga fuera de nuestras fronteras"

El emisario, sorprendido de seguir con vida huyó. El rey quedó estupefacto. Hacía años que no veía a su hija y la situación era más que inesperada. Pero supo cómo reaccionar. Se levantó, y dio unos pasos hacia ella. Con la voz aún temblorosa pero con gesto firme se quitó la corona y amablemente se la ofreció.

Y tu... ¿De verdad crees que lo que sientes y callas o lo que dices sin dar ejemplo vale algo comparado con lo que haces?




domingo, 22 de enero de 2017

Motauros 2017

Este fin de semana ha sido Motauros 2017, y como desde hace 19 años, he asistido con mis amigos moteros.

He de escribir aquí que esta concentración ya no es lo que era, y no por la organización, que es bastante buena, y no por la afluencia de público, que sigue aumentando año a año. Es por nosotros.

Y es que no hay otra forma más clara de decirlo: Estamos viejos. Son ya muchos años haciendo las mismas cosas, y lo que hacía especial estos días ha pasado a aburrir. Rubén, era muy graciosa tu chupa sucia y tus botitas ardientes, pero contar un chiste 19 veces, de verdad, no puede hacer gracia.

La fiesta cada año va a peor, con moteros cada vez menos moteros y resakas cada vez más pegajosas, las motos cada vez nos interesan menos... joder, nunca fueron más que ruedas y motores, y estar 48 horas sin comodidades ha pasado de no hacer gracia, a no apetecer, directamente.


Este podría ser el resumen de estos dos días de concentración motera, pero no es así... nada más lejos de la realidad.

Si algún resumen puedo hacer de este motauros, si alguna sustancia ha llegado a mi ha sido la idea de que la importancia de esta quedada está perfectamente intacta. ¿Cómo puede ser? ¿Es que no hay algo de verdad en lo anterior?

Cada año somos un año mayores -justo- y las resakas seguramente se llevan algo peor, pero eso no afecta ni un ápice a la fiesta que nos corremos. Con los años lo único que ha cambiado es la cantidad de anécdotas que tenemos para recordar, y cada año fabricamos un buen número de nuevas para los años que vienen.

No hay cambio en la ilusión que me hace según se acerca la fecha,
no hay cambio en la alegría de volver a veros a tod@s,
no hay cambio en las ganas de llegar y vestirme adecuadamente,
no hay cambio en mi amor por el fuego -nunca fue por competir-,
no hay cambio en las risas,
no hay cambio en la pasión sincera por las motos -como mucho aumenta-,
no hay cambio en lo moteros que somos los "putos peatones",
no hay cambio en los que faltan, que nunca faltan del todo,
no hay cambio en los que no faltan que mantienen esto en pié,
no hay cambio en los nuevos, que al rato ya son uno más a quien coger cariño y añorar,
no hay cambio en la pena de que tenga que acabarse en ese suspiro que son las trepidantes 24 horas más vikingas del año,
no hay cambio,
no hay cambio.

No hay casualidad en el grupo que hemos formado. Por muchos años.


martes, 17 de enero de 2017

Cuentos. La isla de Magnos y Formici

Erase una vez dos pueblos que convivían en la misma isla. Los Magnos ocupaban casi todo el territorio y se sentían grandes y poderosos. Los Formici era un pueblo mucho más modesto y tranquilo.

Las disputas entre ambos pueblos eran claras y continuas. La convivencia, en una sola isla con recursos limitados, estaba lejos de ser sencilla. De esta manera la guerra entre ellos se veía inevitable. Además, los Magnos se sentían muy superiores y capaces, y eso no ayudaba a la paz.

Cuanto la tensión era máxima, y la guerra inminente, el anciano más sabio del lugar propuso una disputa no bélica para resolver el conflicto: Cada pueblo elegiría al más fuerte miembro de su comunidad para superar una prueba de fuerza. Empujarían una gran piedra hasta la cima del volcán que coronaba la isla. El pueblo que consiga llevar su piedra antes tendría derecho a toda la isla, y el pueblo perdedor debería abandonarla.

Ambos pueblos quedaron conformes y el día señalado mostraron a sus elegidos. El gran Magno era un hombre tremendamente grande, corpulento, y fuerte. Se sentía confiado de su fuerza, y se había preparado mucho para el gran esfuerzo. Estaba listo. El candidato de los Formici era una mujer normal y corriente, carente de una fuerza especialmente grande, y de ningún otro atributo que pareciera destacar como para justificar su elección.

La burla entre los Magnos era evidente. Su victoria estaba aún más clara que nunca. La preparación mental y física de su candidato para el gran esfuerzo era la mejor.

Se mostraron las dos grandes piedras y ambos candidatos se situaron frente a ellas. Eran mucho más grandes de lo que nadie hubiera imaginado, y aunque redondeadas y lisas, todo el mundo se sobrecogió al verlas, pues de pronto la labor se antojaba fuera de lo posible para un ser humano.

El gran Magno, utilizó su gran preparación para no sentirse impresionado, y en cuanto la prueba comenzó, ansioso, asió su piedra y empujó con todas sus fuerzas. Descargó contra ella todo el trabajo que era capaz de hacer con la violencia y rapidez que tanto había planeado. La piedra, sin embargo, apenas rodó unos metros. Pocos minutos después el gran Magno había sido vencido claramente por la piedra, y todos dieron por perdida la prueba.

A todo esto, la mujer Formici se mantenía tranquila y quieta, observando el fracaso de su contrincante. Ambos pueblos volvieron a sus casas frustrados y dando por inválida la prueba, al considerarla fuera del alcance de un humano.

Sin embargo, la mujer Formici hizo algo antes de irse... dio un pequeño empujón a su piedra, y la movió tímidamente.

Desde entonces, todos los días seguía la misma rutina: Tres veces al día se desplazaba hasta su piedra y repetía aquel pequeño esfuerzo, con aquel pequeño resultado.

Pasados muchos meses, la mujer Formici acudió al sabio, y este convocó a ambos pueblos. Cuando ya nadie se acordaba del asunto de las piedras, una de ellas se alzaba sobre la cima del volcan. La piedra Formici. Ella lo había conseguido. Todo el mundo se preguntaba cómo ella, sin destacar por su fuerza había conseguido lo que el corpulento Magno no. Muy tranquila, la mujer Formici explicó que los grandes esfuerzos no son los que se hacen en un solo momento, sino los que hay que hacer todos los días. Explicó, que por mucho que nos gustaría conseguir las cosas rápidamente con un solo gran esfuerzo hay muchas tareas que es inútil intentarlas así, pues solo se consigue frustración y fracaso. La única forma de conseguirlo es con los pequeños grandes esfuerzos diarios.

Y tu, ¿Cuantas cosas has intentado conseguir como los Magnos, cuando deberías comprender que por mucho que te gustaría conseguirlas así, solo siendo un Formici lo harás?

Adelante... sé un Formici... ahora sabes cómo hacerlo!!!



jueves, 12 de enero de 2017

Cuentos. El alfarero.

Erase una vez un gran alfarero. Su familia y sus amigos sabían lo que era capaz de hacer. Ante un poco de barro, sus diestras manos creaban las más increíbles y magníficas obras de arte. Cada obra que terminaba era aún mejor que la anterior, y de esta forma llegó a terminar piezas dignas del mejor museo del mundo. Todos estaban muy contentos, porque la fama y la gloria para él era inevitable, y estaban seguros de que el mundo del arte iba a revolucionarse con su obra.

Un día, el alfarero se postró ante su barro, y todos esperaban ansiosos, pues sabían que estaba a punto de hacerse historia. Pero algo ocurrió. El alfarero solo estaba delante de su barro, pero no hacía nada con él.

No pasa nada, decían algunos. Seguro que es algo temporal... pero los días pasaron, y el alfarero siempre repetía la misma rutina. Se lavaba las manos concienzudamente, se sentaba frente al barro, y se mantenía inmóvil durante horas.

De esta terrible forma pasaron semanas, meses... años... hasta que un fatídico día el alfarero murió. Su gran obra, que perduraría más allá de él mismo, nunca vio la luz, pues allí estaba el húmedo y torpe barro aún sin forma.


Y a ti... ¿Seguro que no tienes tu barro delante tuya y no le estás dando forma?

miércoles, 18 de febrero de 2015

Dos amigos, una medicina.

Era el primer día de cole para Salviati. Estaba nervioso entre tanto alborotado niño desconocido. Tímido, se sentó en la primera silla que encontró. Todos se tranquilizaron cuando un señor muy alto entró en la clase y se presentó como "el profe". El niño que estaba a su lado enseguida le preguntó ¿Quieres ser mi amigo?, me llamo Simplicio. Claro! -contestó- yo Salviati.

Así empezó una amistad que les mantenía juntos todo el tiempo que podían, que entonces era mucho. Salviati era introvertido, distraído, curioso y encontraba un complemento ideal en Simplicio, que era extrovertido, fuerte y deportista.

- Sabes que si pusiéramos los vasos sanguíneos de un cuerpo humano seguidos darían 7 vueltas a la tierra -le decía Salviati.
- Qué cosas más raras dices, para que vas a hacer algo así... anda... vamos a jugar al futbol.

La infancia dio paso a la adolescencia y los dos amigos siguieron caminos muy diferentes. Simplicio pronto empezó a repetir cursos y en cuanto pudo dejó de trabajar. Sus padres tenían dinero y sentía su futuro a salvo. Además, no le gustaba nada estudiar. Salviati, en contra, se aplicaba mucho en sus estudios. Tenía claro que su camino estaba en la ciencia, y dedicaba todos sus esfuerzos en sacar buenas notas para poder optar a seguir estudiando. Su familia no tenía recursos, y sabía que dependía de las becas.

Cada vez se veían menos, aunque siempre que podían lo hacían y era como si lo hicieran todos los días. Simplicio le contó a su amigo que había dejado los estudios y que estaba trabajando en la empresa de su padre, que se dedicaba a la producción de cosméticos. Salviati para entonces ya estaba en la universidad estudiando biología, y destacando en sus calificaciones.

Era tan buen estudiante que pronto sus profesores se fijaron en él. Le concedieron una beca especial para poder doctorarse y seguir estudiando biofísica en California. De esta manera perdió contacto con su amigo, con quien ya no hablaba ni por su cumpleaños.

El final de su doctorado se mezcló con el comienzo de sus trabajos estudiando la arteriopatía periférica, una dolencia que afecta a la circulación de la sangre sobre todo en las piernas. Pasó cinco años en un grupo de trabajo en el que se atacaba desde distintas disciplinas de la ciencia las causas y el funcionamiento de esta enfermedad. Tras este periodo y teniendo un conocimiento preciso sobre la misma, llegó a una idea original sobre un posible tratamiento. Dedicó un año entero de duro trabajo para presentar su idea en el CSIC, el consejo superior de investigaciones científicas, con idea de poder desarrollar su tratamiento en España.

Después de una dura lucha consiguió que se aprobara su proyecto. Gracias a esto volvió a España donde dedicó otros dos años a confirmar que su idea alcanzaba el objetivo fijado y que era posible llegar a un medicamento. Después otro año más confirmando que era seguro para la salud de una persona, que no tenía efectos secundarios y los que se observaban no eran de gravedad.

La financiación del proyecto corría peligro de desaparecer. Salviati ya no podía renunciar a su enjuto sueldo y luchaba tratando con posibles inversores privados de farmacéuticas. A duras penas consiguió que se comenzaran los ensayos preclínicos, en los que durante otros cuatro años se probó su fármaco en modelos animales. Se confirmó cómo actuaba el fármaco sobre el organismo, como actuaba a su vez en organismo sobre el fármaco y si era seguro para la salud. Todo fue bien y se aseguró su viabilidad como medicamento.

La única empresa farmacéutica que se interesó por el fármaco habló con Salviati. Si quería seguir adelante con ensayos clínicos debía renunciar a cualquier tipo de patente. Así lo hizo, para él su trabajo era mucho más que dinero, así que empezaron las pruebas con personas, para determinar la dosis correcta, los efectos en humanos y las reacciones adversas. Otros cinco años de duro trabajo que terminaron con pruebas suficientes para avalar la eficacia de su, ahora ya si, nuevo medicamento para combatir eficazmente la arteriopatía periférica.

Él se sentía orgulloso. 21 años de duro trabajo ahora valdrían para que las personas con esta dolencia pudieran dejar de sufrir dolores y recuperaran el ritmo de sus vidas. Le había dado calidad de vida a otras personas ¿Qué mayor recompensa puede haber?

Un día despertó con un insoportable dolor de cabeza. No tenía ningún antiinflamatorio en casa, así que se acercó a la farmacia de su barrio. Mientras le atendían no pudo evitar que le absorbiera la conversación de otra clienta, que precisamente estaba solicitando el medicamento que él había conseguido hacer. Toda su alegría y orgullo contenido se volvió oscura sombra cuando la farmacéutica le ofreció un "medicamento homeopático", que aunque más caro, la gente está muy contenta con su resultado.

Salviati no pudo aguantar la rabia. -¡Cómo puede usted decir algo así!! Recriminó duramente a la farmacéutica que permaneció impasible, ante la atónita clienta. Salió de la farmacia sin su antiinflamatorio, pero ya no le hacían falta. La adrenalina hacía bien su trabajo. Subió rápidamente a su casa y buscó en internet el contacto de la empresa que fabricaba aquel burdo intento de fármaco, y aporreó un correo de agria protesta contra ellos. Quedó exhausto tras el visceral esfuerzo, y continuó con su día a día con mal sabor de boca.

Tanto tiempo luchando para conseguir algo que ahora se despreciaba de esa forma tan incomprensible. Se puso en contacto con sus conocidos en CSIC que coincidían al decirle que nada se podía hacer, ya que el negocio de la homeopatía, como el de tantas otras "no medicinas" era legal, pues aunque no han demostrado que sean eficaces como medicina, no causaban daños a la salud, y se vendían libremente.

Le habían dado donde más dolía, así que se presentó en persona en las oficinas de aquella empresa. Eran ciertamente intimidantes, por el lujo que derrochaban por todos lados. Preguntó en recepción por el director y explicó quién era y porqué estaba allí. El recepcionista, intentando no alterar más a aquel desconocido que parecía tan rotundo, le pasó el recado al director, que coincidía ese día había ido a trabajar. -Enseguida le recibirá, por favor espere aquí.

Poco después le indicaron que ya podía pasar. Nunca en su vida podría haber imaginado lo que le iba a pasar, ni en sus peores pesadillas ocurría nunca nada tan estremecedor. Al abrir aquella gran puerta de madera noble, sentado en un sillón opulento, estaba su amigo Simplicio, a quien hacía ya 22 años que no veía.

El rostro de Simplicio pasó de expresar tensión a la más sincera de las incredulidades. Salviati tomó asiento sin poder retirar la mirada de su amigo y sin poder cerrar completamente su boca.

- Sim: Pero.... ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado?
- Salv: No!.. si es que yo.. no sabía que trabajabas aquí.. ha sido una casualidad.
- Sim: No me digas.. increible.. no puede ser...

Se hizo un eterno silencio de apenas dos segundos.

- Sim: Estas muy viejo -reaccionó diciendo mientras esbozaba media sonrisa-
- Salv: Ja!.. cierto, han pasado muchos años.
- Sim: Bueno, cuéntame qué tal te ha ido.
- Salv: Peor que a ti por lo que veo. Desde que me fui a California he estado trabajando en un nuevo fármaco para la arteriopatía periférica. Hace ya muchos años que conseguí volver a España y convertirlo en un nuevo medicamento. Cuál es mi sorpresa cuando descubro que tu empresa comercializa un ungüento que asegura conseguir los mismos efectos.
- Sim: Hee... je... ya sabes cómo es esto. El negocio de los cosméticos se ha visto muy afectado por la crisis y homeopatía nos está reflotando. Creo que para la arteriooo esa que has dicho vendemos algo, sí. Pero no hace daño a nadie, de verdad.
- Salv: ¿De verdad crees que las personas que no sigan el tratamiento y se den tu crema no van a tener ningún perjuicio?
- Sim: Esta medicina tiene su antigüedad, sabes, y a mucha gente le va bien. Además nadie ha demostrado que no funcione.
- Salv: ¿QuÉ??? No, este universo no funciona así. No hay que demostrar que las cosas no funcionan y mientras creer que si lo harán. O lo haces al revés, o lo único que consigues es engañarte. ¿Yo puedo decir que soy dios, ya que nadie ha demostrado que no lo sea? ¿Crees que el agua con azúcar puede curar alguna enfermedad solo porque nadie haya tomado la molestia de demostrar que no funciona? Es totalmente negligente. ¿Eres capaz de comparar 21 años de estudios científicos metodológicos con un "nadie ha demostrado que no funcione"?
- Sim: Mira, yo no pongo las normas, solo intento mantener una empresa. Ya veo que sigues igual que siempre.
- Salv: Sí. Tú también estás igual. Siempre por el camino fácil.

Salviati se levantó de su silla. Comprendió que se había equivocado yendo allí.

- Sim: No te pongas así quédate y charlamos tranquilamente tomando un café
- Salv: No, lo siento. Vendré a verte cuando esté más calmado. Me alegro de haberte encontrado.

Salió a la calle como de vuelta de un viaje a otro planeta. Por su cabeza pasaba cada día de trabajo y sacrificio, cada muralla que había tenido que superar, cada euro al que había renunciado...

Comprendió que su trabajo no había terminado.




jueves, 22 de enero de 2015

Masoquismo inteligente

¿Masoquismo inteligente? El masoquismo se podría definir como obtener placer al maltratarte ¿Puede ser eso inteligente? ¿Puede este título tener algún sentido?... yo creo que sí... a ver si consigo convencerte.

Nuestro cerebro es una máquina increíble. No hay duda de que todo su trabajo es fascinante, pero vamos a fijarnos en una de sus propiedades, que es la de ahorrar energía.

Toda operación a ejecutar por nuestro cerebro tiene un objetivo, pero la maquinaria del propio cerebro esconde otro: hacer todo lo posible por realizar el trabajo, pero establecer todos los mecanismos posibles para poder hacerlo con la mínima energía.

En su afán economizador las tareas parecidas o repetidas son rápidamente automatizadas, y ejecutadas subconscientemente para no cargar de este trabajo al consciente.

De esta forma conseguimos conducir, sacar un café de una máquina o coger las llaves antes de salir de casa robóticamente, sin pensar en ello.

Es sin duda una maravilla evolutiva más de esa gran máquina que es nuestro cerebro, pero tiene un lado negativo. Un cerebro que gaste menos energía es un individuo que lo tiene más fácil para sobrevivir, pero esta estrategia esconde un fantasma que nos impide ser todo lo felices que deberíamos ser ¿cómo pasa esto?

En nuestra vida diaria, en nuestro día a día, disfrutamos de muchos mini-placeres cotidianos. Abrir un grifo y que salga agua, sentarnos sobre una silla cómoda, poder abrigarnos cuando tenemos frío, tener un váter a mano, dormir en una cama y muchas cosas más, que son realmente importantes y vitales para nosotros, pero que al ser terriblemente frecuentes y cotidianas pasan totalmente desapercibidas para nosotros.

Es un mal que tiene difícil cura, luchar contra esta tendencia es realmente duro e insostenible a largo plazo.

Bien, pues como casi todos los Enero desde hace 17 años he asistido a Pingüinos (motauros), una concentración motera que se celebra en Tordesillas, Valladolid, junto al río Duero. Es un fin de semana para estar de fiesta con los amigos, pero es un fin de semana en el que paso frío, duermo incómodo sobre el suelo, me crujo las costillas cargando leña y trabajo alimentando un fuego que no parece tener fin. Vivo momentos mágicos (y no me refiero a nada místico) frente a ese fuego, y me ayuda mucho a pensar. Este año me pregunté el porqué de todo aquello una vez más, y llegué a una nueva respuesta: El masoquismo inteligente. Privarme durante 24 horas de todas las comodidades cotidianas, echar de menos una simple silla durante horas, darme cuenta muy vivamente de lo bien que se duerme en una cama, echar muy fuertemente de menos a mi familia, y el reencuentro con mi váter no son la cura definitiva, pero si efectiva para volver a poner a 0 el contador de la rutina y poder ser justos con la felicidad que nos deben proporcionar todos estos grandes pequeños placeres.



viernes, 26 de diciembre de 2014

Capítulo 0 del podcast La agOra de Salviati

Desde que me recuerdo he estado interesado por la ciencia, sorprendido por lo cotidiano, curioso y escéptico… pero creo que estaba encerrado dentro de mí mismo, tímido del mundo. En Octubre de 2009 fui al cine a ver la película agOra, de Alejandro Amenabar. El terremoto emocional que me causó esta película, la reivindicación tan grande y tan clara de la ciencia que se hace en ella destapó la tapa de mi olla.

Había probado tímidamente a discutir vía correo con algunos familiares y amigos de temas científicos, pero necesitaba más. Comencé a escribir el blog “la agOra de Salviati”, en blogspot, y descubrí que cuantos más post hacía, más feliz estaba, y más aprendía de lo que yo mismo escribía. Descubrí que pensar, y hacer pensar podía ser mi pasatiempo preferido, y que la filosofía de la ciencia era una parte importante de mí.

Salviati, el personaje en el que Galileo Galilei encarnaba su propia opinión en sus libros escritos en forma de diálogos pasaba a ser mi seudónimo, y relacionando la película y las ganas de formar un círculo sobre el que hablar de ciencia, llegué al nombre para el blog.

Facebook fue el siguiente salto, pues las verdaderas maratones de discusiones se han dado allí.

Hace unos meses, gracias a mi amigo Rafa Reina, he descubierto la potencia comunicativa de los podcast de ciencia, a los que rápidamente he sucumbido como adicto. A hombros de gigantes, cienciaes, la buhardilla 2.0, la mecánica del caracol, 100x100 ciencia y muchos otros están en mi oído a cada oportunidad. El siguiente paso estaba claro.

No soy escritor pero escribo, no soy científico ni filósofo pero mi ignorancia es atrevida y me permito opinar sobre ciencia y filosofía, no soy divulgador pero no renuncio a intentar hacerte pensar. No tengo ni una sola actitud que me relacione con la radio, pero me he puesto a prueba y he conseguido hacer unos cuantos podcast y me ha encantado… así que ya no voy a parar.

He decidido hacer este capítulo 0 para presentarme y explicar origen y contenido de la agOra. Si te quedas conmigo eliges la pastilla roja, te quedas en el país de las maravillas e intentaré enseñarte mi modesta y particular madriguera de conejos. Hal 9000 te preguntará si soñará una y otra vez. Intentaré sorprenderte con lo cotidiano, tal como me pasa a mí, como un niño buscaré la pregunta y como el principito la repetiré las veces que haga falta. No estoy solo, Sagan, Tesla, Galileo, Giordano, Hypatia, Darwin, Alhacen y tantos otros me acompañan. Mis respuestas no tienen miedo a las preguntas porque son ellas las primeras que han dudado de sí mismas, con escepticismo. Pero tienen sus pies en el camino de la ciencia, que si bien es incierto como todos los caminos, es el único que se puede llegar a acercar al espejismo de la realidad.

Te prometo un pequeño viaje para el pensamiento en cada podcast, con una temática tan variada como permite la propia ciencia, siempre subjetivada y autóctona. Una vuelta por cada pensamiento que me ha abierto una puerta a algo interesante. Un momento para montar a Rucio y alucinar con las locuras de un modesto Quijote, que a lomos de su ignorancia no le tiene miedo a las aspas de la realidad. Si quieres ser mi Sancho Panza y poner un poco de cordura puedes dejar comentarios, opiniones o insultos en el blog o en Facebook.
Pensar y hacer pensar.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El serio y rico hombre de negocios.

Érase una vez un rico hombre de negocios. Trabajaba como asesor en la junta directiva de una gran empresa farmacéutica, gracias a ser también, uno de los principales accionistas de la misma.

Un día se celebró una importante reunión: Se discutía sobre la estrategia de la empresa para los próximos años. La decisión más importante era sin duda la cantidad de dinero que se iba a destinar a la investigación de medicamentos para enfermedades de corta duración con respecto a las más rentables que son las enfermedades que se vuelven crónicas.

Otro orden del día era si se iba a destinar, aunque fuera poco, a la investigación de enfermedades "raras", que afectaban a pocas personas y por lo tanto de escasa o nula rentabilidad.

También se tenía que dejar claro si la empresa iba a luchar por curar las enfermedades crónicas o si iba a limitarse a fabricar los tratamientos para los síntomas de estos enfermos.

Él era un hombre serio [como diría el principito], y estaba más que convencido que cuales son las cosas importantes, así que no dudó ni un momento a la hora de la votación final. Todas las decisiones estaban en el aire porque había mucha igualdad entre los que se decantaban por unas opciones y por otras, pero gracias al voto final de nuestro rico hombre de negocios, la empresa se limitaría los próximos años a las investigaciones más rentables. No se invertiría nada en enfermedades de corta duración, ni un solo euro para enfermedades "raras" y nada de buscar curas para enfermedades crónicas, solo tratamientos sintomáticos.

Así pasaron unos años, hasta que nuestro rico hombre de negocios dejó su trabajo activo en la empresa y se quedó solo como accionista. Iba a tener a su primer nieto y había pasado tanto tiempo trabajando en su vida que apenas había disfrutado de estar con su mujer y su única hija.

Su sorpresa empezó al nacer su nieto, ya que fue diagnosticado rápidamente de progeria de Hutchinson-Gilford, una enfermedad "rara" que afecta a muy poca población y que provoca envejecimiento prematuro. Al mes siguiente su mujer tuvo que ser ingresada: Una gripe que no terminaba de curarse se convirtió en neumonía. Está se complicó con insuficiencia respiratoria y derrame pleural. Cuando quisieron darla cuidados intensivos era demasiado tarde. Su mujer había fallecido. Su hija estaba totalmente hundida: Su madre había muerto y su hijo viviría poco tiempo, y con mala salud. Del disgusto nuestro serio y rico hombre de negocios sufrió un desmayo. Al despertar los médicos le informaron que había sufrido un shock insulínico, y que sería diabético insulinodependiente para el resto de su vida.

Tras el entierro fue a su casa, que parecía más grande, silenciosa e impersonal que nunca. Tenía una carta de su banco, y casi por inercia la abrió y comenzó a leerla. Se cumplían cinco años desde el cambio de rumbo de la empresa y tras cerrar el año fiscal estaban repartiendo los jugosos beneficios entre sus accionistas. Se alegraban mucho de ingresarle 101 millones de euros en su cuenta de Suiza.

Nuestro rico hombre de negocios era un hombre muy serio, sabía lo que era importante. Ahora miraba aquellos ceros en el extracto de su cuenta corriente.


jueves, 20 de noviembre de 2014

¿Qué le dice una neurona a otra?

Con este título parece que voy a contar un chiste... ; - )

A menudo utilizo mis neuronas para pensar sobre las neuronas.

He hecho algunas actividades y leído algunos libros que hablan sobre el gran misterio de funcionamiento cerebral, y me he dado cuenta de que a pesar que estamos solo empezando se sabe mucho más de lo que en principio se puede suponer.

Desde que el gran Cajal consiguiera teñir y observar la primera neurona que fuimos capaces de ver nítidamente se han hecho avances que nos han permitido saber que existen un ingente número de neuronas que se interconectan creando circuitos. Nos han permitido saber que son capaces de crear pequeñas diferencias de potencial que desencadenan corrientes eléctricas a través de las cuales se envía la información de una neurona a otra. Sabemos que las neuronas no se tocan... en el espacio de unión de una con otra se segregan y captan sustancias químicas neurotransmisoras. Los estudios sobre anatomía cerebral son impresionantes, y revelan una de las mayores potencias con las que cuentan nuestros sistemas nerviosos centrales: su plasticidad. Los diferentes órganos que se encargan de funciones específicas han sido localizados, y una vez más nos sorprendemos al darnos cuenta de la gran deslocalización de la actividad ante acciones cotidianas. La comunicación con el resto del cuerpo, la espina dorsal, la posición tan especial que ocupa como órgano dentro de nuestro propio cuerpo, etc... tantas y tantas cosas con las que quedarnos atónitos. Incluso está en marcha el proyecto brain para conseguir el conectoma, el mapa completo de las conexiones neuronales.

Ante todo este panorama surgido de innumerables estudios e investigaciones he caído en una cuenta: Todo lo que se estudia hace referencia a cómo suceden las cosas: Cómo habla una neurona con otra, cómo ocurre tal cosa o tal otra, etc. Sabemos bastante sobre los procesos físico-químicos que contestan a estas preguntas, pero yo tengo otra ¿Qué se dicen las neuronas?

Potencial de acción, canales de calcio, sinapsis... todo habla sobre cómo hablan las neuronas, pero yo creo que debería haber una especialidad en el estudio del cerebro que buscara el lenguaje que usan estas para representar información, qué se preocuparan de qué se están diciendo y como se codifica una idea o un recuerdo en ese sistema lógico de representación de información.

Solo investigamos el hardware de nuestro cerebro, pero deberíamos preocuparnos por saber más acerca de su software.

No creo que sea pronto para esta labor. Yo mismo en mi absoluta y atrevida ignorancia puedo intentar formular alguna hipótesis aunque sea heurística: Todas las neuronas aparentan trabajar con el mismo esquema químico, luego parece que todas ellas hablan el mismo idioma. Aunque solo a bajo nivel, es decir, todas las máquinas informáticas del mundo hablan el mismo idioma, el binario, pero a partir de ahí todo el software que crece sobre ese idioma puede ser muy muy distinto de una máquina a otra. Quizá suceda igual.

Una vez un amigo me dijo que se puede hacer tantos símiles entre informática y nuestros sistemas nerviosos porque estos están diseñados por nosotros a su imagen y semejanza... pero sigo pensando que hay más. Pretendemos un objetivo común, el de manejar información y lo conseguimos con sistemas diferentes, pero que sospechosamente cada vez se parecen más (sí, es cierto que estamos aún lejos de poder compararlos en algunos aspectos).

Seguiré pensado en neuronas usando neuronas... y en el lenguaje que usan las neuronas, precisamente utilizándolo... ¡¡qué paradoja!!!