Recientemente visité una exposición sobre mecánica cuántica
con mi amigo Juan José Muñoz, en la que pudimos disfrutar de la historia y las
claves de esta extraña pero real ciencia (además de ver unas primeras ediciones
de los libros más importantes de la física de todos los tiempos alucinantes)
expuestas con mucho gusto de forma muy acertada. Era el marco ideal para que no
nos conformáramos e hiciéramos eso que tanto nos gusta que es pensar y hacer
pensar. En persona, con tiempo libre y rodeados de tanto estímulo enseguida
caímos por la madriguera del conejo y cuando me di cuenta estábamos en el país
de las maravillas dudando sobre temas trascendentales. Pariendo de la
inexorable probabilidad existente en lo que sucede en lo muy pequeño nos dimos
de bruces con la pregunta que otras veces nos ha perseguido: ¿Existe el libre
albedrío?
La respuesta a esta pregunta se me antoja digital, es decir,
con solo dos posibles respuestas:
NO: Todas nuestras decisiones, actos y pensamientos están
desarrollados por nuestro cerebro, que no deja de ser una complicada máquina
biológica que no escapa a las leyes de la física, por lo que están
condicionados por estas. No existe el libre albedrío como consecuencia de un
universo regido por leyes físicas.
SI: Todas nuestras decisiones, actos y pensamientos están
desarrollados por nuestro cerebro, que no deja de ser una complicada máquina
biológica que actúa en un mundo no determinista, donde las leyes de la física
de lo muy pequeño son probabilísticas.
No sé qué le parece a mi querido lector o escuchante, pero a
mi estas respuestas me deja totalmente insatisfecho. Sabemos que no hay
determinismo en lo muy pequeño y que las nubes de probabilidad colapsan para
fingirlo a nivel macroscópico, pero azarosas o no, si nuestro cerebro solo es
capaz de hacer lo que la física le permite no puede haber libre albedrío,
porque incluso esa probabilidad acabaría con la libertad de elegir. Eso nos
dejaría solo frente al NO.
Como es costumbre en mi me he puesto las gafas de ver la
realidad que significa mi teoría infovisión para enfrentarme a este dilema.
Con ellas veo que la realidad tiene diferentes planos
emergiendo unos sobre los otros como en una gran cebolla a base de agrupar
sustancia información. De esta forma, nuestro cerebro se ve muy diferente:
Ahora hay dos realidades que habitan en diferentes capas una basado en la otra,
emergiendo de ella, pero no siendo ella.
Por un lado, está nuestro cerebro, la parte física, el
hardware, eso que está a buen recaudo bajo nuestros cráneos. Esta máquina
biológica está absolutamente condicionada y limitada por las leyes de la
física, pues no podría ser de otra manera. Solo está compuesto de células, que
son agua y moléculas de una exquisita complejidad, pero que no dejan de ser
átomos de Carbono, Oxígeno, Hidrógeno y Nitrógeno con un 1% de otros elementos
más pesados. Estos átomos no son diferentes de cualquier otro que haya en una
piedra o en el centro del sol, y por lo tanto -por supuesto- siguen las leyes
de la física.
Pero ocurre algo más. Al agruparlos y ordenarlos de esa
exquisita manera de la que hablamos emerge la que para mí es la mayor
concentración de sustancia información del universo hasta donde lo conocemos
(¡que no es mucho!). Emerge eso que llamamos mente, donde residen nuestras
capacidades mentales como nuestras decisiones y pensamientos. Emergemos
nosotros, las personas.
Indudablemente lo que podemos hacer con la mente está
limitado por nuestro cerebro. Siento mucho decirle que la telequinesis (mover
objetos solo con pensarlo) no es posible, por lo que al referirnos al SI en el
libre albedrío siempre estaremos hablando de una libertad relativa. Por cierto,
me temo que siempre es así, la libertad siempre está contextualizada. Pero la
mente opera en el plano de la información, que si bien siempre se sostiene
sobre una representación física no está operando a este nivel. En este plano yo
puedo elegir libremente entre 0 y 1 sin que la respuesta está condicionada por
determinación o azar físico.
Mis pensamientos emergen, pero no son neuronas, ni impulsos
eléctricos, ni canales de calcio.
Durante todo este texto la operativa de la mente está simplificada para concentrarnos en la idea a transmitir y que se entendiera lo mejor posible, pero evidentemente la capa de la cebolla de la que hemos hablado tiene subcapas en las que consciente e inconsciente tienen un juego increíble de conversaciones que darían para mucho más que este pequeño post.
¡Gracias JuanJo!!

