Ahora que aún retumban los odios, que aún queda olor a chasca en la piel a pesar del jabón, que sigue pareciendo extraño tener a la misma temperatura pecho que espalda. Antes que el sueño archive los recuerdos, muchos de ellos para no volver, es el momento de escribiros estos. A vosotros, y a ese Rubén del futuro que volverá aquí con la curiosidad morbosa de un portero aburrido, en busca de ellos.
Motauros 2026 prometía desde el principio. Hemos dado un paso cualitativo hacia la perfección de cómo organizar nuestra quedada motera invernal. Lo normal de siempre ha sido encontrarte por accidente a nuevos personajes con quienes por ese extraño azar que nada tiene que ver con la suerte compartes fiesta, aventura y risa, y ya pasan a formar parte de esta gran motorada. Pero no nos hemos conformado con eso, queríamos más. Este año hemos quedado con premeditación y alevosía, dos agravantes que ahora sí acaban definitivamente con eso que nunca fue suerte, para asegurar elevar la fiesta a su máxima expresión estado rodeado de guardias y vaquitas.
Fiel a su promesa ha sido un Motauros de la más Motauro. Caseta perfecta, detallazos de intendencia de los Pozuelo, Emi, Romi & Mario. Leña por encima de nuestras posibilidades ardiendo sin parar. Regalazo de Romi que nos ha hecho unas sudaderas con la foto con la que mi madre hizo el cuadro.
Llegan nuestros esperados vecinos y arranca la fiesta. Risas con unos y otros, historias moteras geniales, observar la esencia de esas personas con las que tienes la oportunidad de compartir un rato. Aprender, claro que sí, de ellos. Aprender y querer saber más de esas historias que ya desprovistas de los nervios, vergüenzas y dudas de cuando pasaron han quedado en el tiempo como las anécdotas dignas de contar.
Dice la leyenda que hay demonios de colores que traen las alegrías y las penas, y que si consigues verlos tendrás la mejor de las fiestas:
guardián del puente arcoíris
Envíame a los demonios del fuego
Que vengan a por mí
no les tengo miedo.
La hoguera está crepitando!
Envíame a los demonios del fuego
Les espero aquí.
Demasiado moscatel (y el cansancio que remolco de los no buenos últimos meses) me deja fuera de juego pronto el viernes, pero no me robaron las risas en la caseta y a cambio no estaba gastado para el sábado.
Tradición en la comida Matapozuela y bien de nieve y frío para la vuelta, pero estamos muy a salvo de que suponga ningún problema, cuando hay leña y ganas de repetir. Orillamos 40 palitos y fuego para rato. Momentazo personal viendo cómo se cruzaban en el aire copos de nieve y virutas ardientes. Cuantas cosas me puede hacer pensar una escena así. Cuantas me puede hacer sentir. Nos volvemos a juntar y fiestaza de nuevo. Genial la idea de que pongamos una canción cada uno. No por nada que tenga que ver con la música, a cada cual más extrema y dura (jajajajjjajajajja), sino con lo que decía la elección de cada uno. Broche mágico con una cantante improvisada, un tío insistente y las mejores historias de infancias y juventudes que a pesar de sus locuras ahora forman los cimientos de grandes personas.
Solo puedo dar las gracias por lo que podría haber sido una muesca más en mi colección de Motauros, pero que habéis conseguido que sea muy especial. Ojalá el olvido respete y que podamos luchar contra él juntos más veces.
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